Antes de irnos de vacaciones disfrutamos de una de las semanas más especiales de nuestro calendario escolar. Las fiestas del colegio no son solo un paréntesis en la rutina académica, sino el momento en el que nuestra identidad brilla con más fuerza. Al echar la vista atrás sobre estos días de convivencia, risas y emociones, recordamos que somos lo que somos gracias al Beato Pedro Ruiz de los Paños, nuestro fundador. Su figura es la raíz de la que brota nuestra esencia educativa y espiritual.
Hombre de fe inquebrantable y gran impulsor de las vocaciones, Pedro Ruiz de los Paños dedicó su vida a la formación y al servicio. Su martirio en 1936 selló un compromiso de amor que hoy continúa vivo en cada aula de nuestro centro. Celebrar estas fiestas es, ante todo, un acto de gratitud hacia su entrega y su visión de una educación basada en el amor de Jesús.
Hemos vivido unos días intensos, llenos de vida y alegría en los que la respuesta de toda la comunidad educativa a las actividades programadas ha sido, una vez más, extraordinaria.
Comenzamos este camino con una preciosa y participativa Eucaristía, donde pusimos en manos de Dios nuestras ilusiones y el fruto de nuestro trabajo. Este gran comienzo dio paso a una celebración llena de vida, donde el escenario se convirtió en el reflejo del esfuerzo de nuestros alumnos. Con los bailes de cada curso, pudimos disfrutar del talento que han cultivado con tanto mimo y dedicación. Ese mismo entusiasmo se trasladó a las exhibiciones de las actividades extraescolares, demostrando que el esfuerzo y la constancia siempre dan sus frutos.
Hubo también una sana convivencia y competición, las pistas de juego y patios fueron testigos de emocionantes competiciones deportivas, mientras que el silencio y la concentración reinaron en los tableros de rana, ajedrez y las mesas de parchís.
Pero nuestra alegría no estaría completa sin mirar a los demás. No podemos olvidar nuestro Kiosko Solidario. Más allá del dulce, lo más importante ha sido el fin, todas las ganancias se destinarán a apoyar la labor educativa de nuestros hermanos en el colegio de Fe y Alegría en Petare, Venezuela. Gracias por vuestra generosidad.
Si algo hemos aprendido estos días es que lo que nos hace únicos es nuestra esencia de familia. Una familia que solo está completa cuando estamos todos. En este momento del año, esa unión se hace tangible y nos recuerda que nadie es menos importante en nuestra misión compartida.
Al cerrar estas fiestas, entendemos mejor que nunca aquellas palabras de nuestro fundador que dan sentido a nuestro esfuerzo diario:
«La alegría es fruto de la entrega» — Beato Pedro Ruiz de los Paños.
Gracias a todos por haberos entregado con tanto cariño en estas fiestas. ¡Seguimos caminando juntos bajo la luz de nuestro fundador!













Calle Pablo Flórez, 8
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