Cuaresma nos ofrece cada año la oportunidad de cambiar, de ofrecernos a nosotros mismos, a los otros y a Dios nuestra mejor versión, nuestras mejores cualidades. Pero, para ello, es necesario estar dispuesto a recorrer un camino que no siempre es fácil, un camino en el que tenemos que ir tomando decisiones.
Este año hemos querido aprovechar esta oportunidad y, a partir del evangelio de cada domingo, hacer aflorar nuestra mejor versión.
Como símbolo de este camino de conversión que hemos emprendido, cada semana hemos tenido dos huellas. Una representaba lo que estamos llamados a cambiar, lo que nos impide vivir de acuerdo con nuestra mejor versión. La otra representaba lo mejor de cada uno de nosotros.


En las imágenes se ve ese camino ya completo. Hagamos un repaso por el mensaje de cada una de las semanas:
- Primera semana (escucha): Estamos llenos de ruidos que no nos dejan escuchar nuestro interior. Necesitamos silencio y oración, necesitamos acercarnos a la Palabra de Dios.
- Segunda semana (confía): El camino de la conversión no es fácil. En nosotros surge el desánimo y el cansancio. Necesitamos ser capaces de mirar más allá, necesitamos modelos que nos ayuden a descubrir y avanzar por el camino. El mejor modelo es Jesús, Él nos muestra lo mejor de nosotros y nos revela a qué estamos llamados: a ser los hijos amados de Dios.
- Tercera semana (sana): Todos, en algún momento hemos actuado de manera incorrecta. Todos nos arrepentimos de algunas palabras, de algunas acciones y también de algo que no hemos hecho o no hemos dicho. Por eso, nuestro corazón está roto y necesitamos sanarlo, fortalecerlo. Necesitamos beber del agua viva de la esperanza y el amor de Dios.
- Cuarta semana (ilumínate): Hay días que todo parece oscuro, las nubes parecen reinar en nuestro interior. Necesitamos ver con ojos nuevos, necesitamos que la luz del sol, la luz de Jesús nos ilumine.
- Quinta semana (entrégate): En ocasiones nos encerramos en nosotros mismos, nos negamos a salir de nuestros pensamientos, de nuestros sentimientos y nuestras manos se cierran a la amistad, es como si estuviéramos muertos. Necesitamos que Jesús amigo nos ayude a abrir nuestras manos, nos ayude a acoger la vida y a entregarla con generosidad.
Estamos casi al final de este camino cuaresmal, ya se vislumbra la Semana Santa en la que, una vez más, podremos asistir a la mayor prueba de amor de la historia: la entrega de Jesús en la cruz, sin olvidar que no es una historia de fracaso y muerte, sino una historia de vida, una historia que nos mueve siempre a ir más allá, a vivir, como Jesús, hasta el extremo cada momento y cada acontecimiento.
Calle Pablo Flórez, 8
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